EL CIELO
16
Las cuatro partes del Cielo o los cuatro puntos cardinales
141. En
el cielo hay como en el mundo cuatro puntos cardinales, oriente,
mediodía, occidente y septentrión, en ambos determinados por su sol; en
el cielo por el sol del cielo, que es el Señor, en el mundo por el sol
del mundo; pero hay, sin embargo, entre ellos mucha diferencia; la
primera diferencia es que en el mundo llaman mediodía donde el sol se
halla a mayor altura sobre la tierra, y norte donde en posición opuesta
se halla por debajo de la tierra; oriente donde sale en el equinoccio y
occidente donde entonces se pone: en el mundo se determinan, pues, todos
los puntos cardinales por el mediodía; pero en el cielo se llama oriente
donde aparece el Señor cómo sol; directamente opuesto es el occidente; a
la derecha en el cielo es el mediodía, y a la izquierda, el septentrión,
y esto en cada vuelta de los rostros y cuerpos; en el cielo todo punto
cardinal se determina por lo tanto por el oriente. La causa de que
llaman oriente, donde el Señor aparece como sol, es que todo origen de
vida sale de Él como sol, y cuanto los ángeles reciben de Él calor y
luz, o sea amor e
inteligencia, tanto se dice que el Señor se levanta en ellos; por la
misma causa es también que el Señor en el Verbo se llama el Oriente.
142. La
segunda diferencia es que los ángeles tienen siempre el oriente delante
de sus rostros, el occidente a sus espaldas, el mediodía a la derecha, y
el septentrión a la izquierda; pero viendo que esto puede difícilmente
comprenderse en el mundo, por la causa de que el hombre vuelve su rostro
hacia todos puntos cardinales, .se explicará. El cielo entero se vuelve
hacia el Señor como hacia su centro común; por eso se vuelven todos los
ángeles hacia este centro; que toda dirección tiende hacia el centro
común es conocido también en la tierra; pero la dirección en el cielo
difiere de la dirección en el mundo, en que en el cielo son las
fronteras los que se vuelven hacia su centro común, pero en el mundo son
las partes inferiores; la dirección en el mundo es lo que se llama
centrípeta y también gravitación: en efecto, las cosas interiores de los
ángeles miran también hacia delante; y puesto que las cosas interiores
se presentan visibles en los rostros, es por lo tanto el rostro que
determina los puntos.
143.
Pero esto de que los ángeles tienen delante de sí el levante en cada
vuelta del rostro y cuerpo es más difícil de comprender en el mundo, por
la causa de que el hombre tiene delante de sí los puntos cardinales
según vuelva el rostro; por lo tanto será también explicado. Los
ángeles, igualmente que los hombres, vuelven y tornan sus rostros y sus
cuerpos en todas direcciones, y, sin embargo, tienen siempre ante los
ojos el oriente; pero estos movimientos de los ángeles no son como los
de los hombres, porque son de otro origen; parecen, por cierto,
idénticos, pero no lo son. El origen es el amor reinante; de este viene
toda determinación en los ángeles y en los espíritus, porque, según más
arriba se ha dicho, sus cosas interiores se hallan en efecto mirando
hacia su centro común, así pues en el cielo hacia el Señor como sol; por
lo cual, hallándose el amor reinante siempre ante sus cosas interiores,
y siendo el rostro derivación de las cosas interiores por ser la forma
extrema de ellas, se halla siempre delante del rostro este amor
reinante. Así también es el Señor como sol en el cielo, puesto que Él es
el origen de su amor, y puesto que el Señor mismo habita en Su amor en
los ángeles; es por lo tanto el Señor quien hace que miran hacia Él, por
doquiera que se vuelvan. Estas cosas no pueden aún explicarse más
claramente, pero en artículos siguientes, especialmente donde se tratará
de Representaciones y Apariencias, así como de tiempo y espacio en el
cielo, se explicarán más claramente. Que los ángeles tienen al Señor
delante del rostro constantemente me ha sido dado saber por mucha
experiencia y asimismo percibir; porque siempre, cuando he estado en
compañía de los ángeles, he podido notar la presencia del Señor delante
de mi rostro; por más que no le he visto se ha dejado percibir en la
luz; que así es, han asegurado a menudo también los ángeles. Por
hallarse el Señor constantemente delante de los rostros de los ángeles,
se dice en el mundo, con respecto a los que creen en el Señor y que aman
a Él, que tienen a Él delante de sus ojos y rostros, que miran a Él y
que ven a Él. El hablar así el hombre es por el mundo espiritual porque
de allí proceden varias cosas en el habla humana por más que el hombre
ignora el que son de allí.
144. Esa
manera de volverse hacia el Señor es una de las cosas maravillosas del
cielo, pudiendo allí varios hallarse en un mismo sitio y volver los
rostros y cuerpos en diferentes direcciones sin dejar de ver todos al
Señor delante de sí; teniendo cada uno de ellos a su derecha el
mediodía, a la izquierda el septentrión y a sus espaldas el poniente.
Entre las cosas maravillosas es también esta, que los ángeles, a pesar
de ser su mirar hacia el oriente, sin embargo, tienen un mirar hacia los
tres demás puntos cardinales, pero hacia estos su mirar se verifica
desde su vista interior, que es la de su pensamiento. Otra cosa
maravillosa es que en el cielo a nadie es permitido colocarse detrás de
alguien y mirarle la parte posterior de la cabeza, porque haciendo esto
se introduce confusión en el bien y la verdad, que son del Señor.
145. Los
ángeles ven al Señor de una manera, y el Señor ve a los ángeles de otra
manera; los ángeles ven al Señor con los ojos; pero el Señor ve a los
ángeles en la frente; la causa de que sea en la frente es que la frente
corresponde al amor y el Señor influye por el amor en su voluntad,
haciendo que le vean a Él por la inteligencia, que corresponde a los
ojos.
146. Los
puntos cardinales en los cielos que constituyen el reino celestial del
Señor difieren de los puntos cardinales en los cielos que constituyen el
reino espiritual del Señor, por la causa de que el Señor aparece a los
ángeles que están en el reino celestial como un sol, pero a los ángeles
que están en su reino espiritual como una luna, y porque el oriente es
donde se divisa al Señor. La distancia entre el sol y la luna es allí de
treinta grados; entre los puntos cardinales igualmente. Que el cielo se
distingue en dos reinos, que se llaman el reino celestial y el reino
espiritual, puede verse en su artículo (n. 20-28); y el aparecer el
Señor en el reino celestial como un sol y en el reino espiritual como
una luna (n. 118) no causa, sin embargo, confusión en los puntos
cardinales, viendo que los ángeles espirituales no pueden subir a los
ángeles celestiales ni estos descender entre aquellos (véase arriba, n.
35).
147. Por
esto se ve claramente cual y como es la presencia del Señor en los
cielos, sea que en todas partes y en cada uno se halla en el bien y en
la verdad, que procede de Él: por consiguiente que se halla en lo Suyo
en los ángeles, según se ha dicho antes (n. 12). La percepción de la
presencia del Señor está en las interiores de ellos; por virtud de estas
ven los ojos; viendo por consiguiente a Él al exterior de ellos, puesto
que existe una continuidad. Puede por ello ser claro que el Señor está
en ellos y ellos en el Señor, según las palabras del Señor:
Permaneced en mí y yo en vosotros (Juan 15: 4).
Él que
come mí carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él (Juan 6: 56).
La carne
del Señor significa el Divino bien y la sangre la Divina verdad.
148. En
los cielos todos habitan con distinción según los puntos cardinales; al
oriente y occidente habitan los que se hallan en el bien del amor; al
oriente los que se hallan en percepción clara, al occidente los que se
hallan en percepción oscura del mismo. Al mediodía y al septentrión
habitan los que se hallan en sabiduría procedente del bien del amor; al
mediodía los que están en la clara luz de la sabiduría, al septentrión
los que están en una débil luz de la misma. Los ángeles que están en el
reino espiritual del Señor habitan de la misma manera que los que están
en Su reino celestial; con distinción, sin embargo, según el bien del
amor, y la luz de la verdad, que procede del bien; porque el amor en el
reino celestial es amoral Señor, y la luz de la verdad, que del mismo
procede, es sabiduría; pero en el reino espiritual hay amor al prójimo,
que se llama caridad, y la luz de la verdad, que de este amor viene, es
inteligencia, también llamada fe (véase arriba, n. 23). Además difieren
con respecto a los puntos cardinales, porque los puntos cardinales
distan entre sí de treinta grados, como se acaba de decir arriba (n.
146).
149. Dé
la misma manera habitan los ángeles entre sí en cada sociedad del cielo;
al oriente los que se hallan en mayor grado de amor y caridad, al
occidente los que se hallan en menor grado, al mediodía los que se
hallan en mayor grado de luz de la sabiduría é inteligencia, al
septentrión los que se hallan en menor grado. La causa de que habitan
con esta distinción es que cada sociedad representa el cielo y es
también cielo en menor forma (véase arriba, n. 51-58). Cosa idéntica
tiene lugar en las reuniones. Son inducidos a observar este orden por la
forma del cielo, por la cual cada uno conoce su lugar. El Señor dispone
también que en cada sociedad haya ángeles de todo género, por la causa
de que el cielo en cuanto a forma debe ser igual en todas partes; pero a
pesar de esto, la disposición del cielo en conjunto difiere de la de una
sociedad como lo común de lo particular, porque las sociedades que están
al oriente sobresalen a las sociedades que están al occidente, y las que
están al mediodía sobresalen a las que están al septentrión.
150. De
aquí viene el que todos puntos cardinales en los cielos significan tales
cosas, cuales hay en los que viven allí; es decir, oriente, amor y su
bien en clara percepción; occidente, lo mismo en oscura percepción;
mediodía, sabiduría y entendimiento en clara luz, y septentrión lo mismo
en débil luz; y puesto que por esos puntos cardinales se entienden
semejantes cosas, se entienden por ellos en el sentido interior o
espiritual del Verbo cosas parecidas; porque el sentido interior o
espiritual del Verbo es exactamente conforme a las cosas que hay en el
cielo.
151. Lo
contrario acontece con los que se hallan en los infiernos; los que están
allí no miran al Señor como sol o como luna, sino en dirección opuesta
al Señor, hacia el punto intensamente negro, que se halla en lugar del
sol del mundo, y hacia el punto oscuro, que está en lugar de la luna de
la tierra; los llamados genios, hacia el punto negro, que está en lugar
del sol del mundo, y los llamados espíritus, hacia el punto oscuro, que
está en lugar de la luna de la tierra. Que el sol del mundo y la luna de
la tierra no aparecen en el mundo espiritual, sino, en lugar de este
sol, un punto intensamente negro opuesto al sol del cielo, y en lugar de
esta luna, un punto oscuro opuesto a la luna del cielo, puede verse más
arriba (n. 122). Por esto los puntos cardinales para ellos son opuestos
a los puntos cardinales del cielo; levante para ellos es donde se hallan
el punto negro y el punto oscuro mencionados; poniente para ellos es
donde está el sol del cielo, mediodía a la derecha, y septentrión a la
izquierda; y esto en toda vuelta de sus cuerpos; no puede resultar otra
cosa, por la causa de que toda dirección interior en ellos, y por
consiguiente toda determinación de la misma, miran y tienden hacia estos
puntos; que en la otra vida toda dirección interior y por consiguiente
toda dirección efectiva es con arreglo al amor se puede ver en el n.
143; el amor de los que están en los infiernos es amor a sí mismo y al
mundo, y estos amores son los que se significan por el sol del mundo y
la luna de la tierra (véase n. 122); estos amores son además opuestos al
amor al Señor y al prójimo. Por esto es que se vuelven hacia aquellas
negras tinieblas en dirección opuesta al Señor. Los que están en los
infiernos habitan igualmente con arreglo a sus puntos cardinales; los
que están en el mal del amor a sí mismo, de oriente a occidente; los que
están en las falsedades del mal, del mediodía al septentrión, pero de
esto se dirá más cuando trataremos de los infiernos.
152.
Cuando entre los buenos viene algún espíritu malo suelen confundirse los
puntos cardinales de tal manera que los buenos no saben donde es su
oriente; lo cual he sentido ocurrir varias veces y también lo he oído
decir a espíritus que se han lamentado de ello.
153. A
veces malos espíritus aparecen vueltos hacia los puntos cardinales del
cielo, y entonces tienen entendimiento y percepción de la verdad, pero
ninguna inclinación al bien, por lo cual tan pronto como de nuevo se
vuelven hacia sus propios puntos cardinales, no tienen ya entendimiento
ni percepción alguna de la verdad; dicen entonces que las verdades que
oyeron y percibieron no son verdades sino mentiras; también quieren que
las mentiras sean verdades. Acerca de esta conversión se me ha
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